China se ha convertido en la segunda superpotencia  mundial y todo parece indicar que pronto superará a Estados Unidos. La nueva Ruta de la Seda y la estrategia “Made in China 2025” son las grandes apuestas geoestratégicas de un país que hace tiempo dejó de ser una gran fábrica para convertirse en el mayor  mercado del mundo.

Dos líneas de actuación marcadas por el Gobierno, desarrolladas por las grandes empresas estatales y privadas cada vez más innovadoras e implantadas internacionalmente, aceleran la implementación de estándares de producción chinos, dirigen  el crecimiento chino hacia sectores de alto valor añadido con la tecnología y la calidad como bases para el posicionamiento de liderazgo de China en el nuevo orden mundial.

China busca aumentar su influencia generando relaciones de mutuo beneficio con más  de 60 países a través de “One Belt One Road”, desarrollando inversiones de más de 900.000 millones de dólares, incorporando su tecnología y modelos en grandes proyectos de infraestructuras, aumentando el comercio y, sobre todo, creando alianzas que sirvan  para evitar cualquier eventual enfrentamiento armado con Estados Unidos y otros países.

China es líder mundial en aspectos clave como ecommerce, pagos móviles, superordenadores, tecnologías de información y es el principal consumidor de toda clase de bienes  y servicios. Cuenta con más de 130 millones de turistas chinos salen al exterior cada año, más de 400 millones de compradores online, más de 700 millones de internautas y un crecimiento basado en el aumento de la demanda interna la convierten no solo en el  principal proveedor e inversor del mundo, sino también en un cliente prioritario y un aliado fundamental. En este contexto, España, que tiene mucho que ofrecer, es aún una gran desconocida y tiene una competencia feroz.

A medida que China se posiciona como la mayor superpotencia del planeta depende de nosotros trabajar por lograr que España ocupe la posición que le corresponde en China y en el mundo entero.